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La Soledad y Felipe II
Don Miguel de Espinosa y Maldonado, marqués de Paradas y II conde del
Águila, recopiló durante su vida, además de una extensa biblioteca, un
valiosísimo archivo que tras la muerte violenta de su hijo y heredero en 1808
fue adquirido por el Ayuntamiento. Hoy este legado documental puede consultarse
en el Archivo Municipal y es fuente primordial para el estudio de Sevilla, desde
la Edad Media hasta mediados del siglo XVIII. En esta sección documental tienen
especial relevancia las comunidades religiosas sevillanas. Al describir el
convento del Carmen, y tras citar en él a las cofradías de las Angustias y de
Nuestra Señora de la Cabeza, podemos leer textualmente:
"La tercera Cofradía es la de la Soledad de Nuestra Señora, imagen
devotissima, cuya devoción publican muy bien los Nobles y serenosos sevillanos.
Está colocada esta Soberana Imagen en una Real Capilla. En tiempos antiguos
estuvo en el Convento de Santiago de los Cavalleros. Visitó esta Soberana
Imagen el Señor y Prudente Rey Don Phelipe segundo, y fue uno de sus primeros
devotos, y así mandava que en todas las ocasiones que las armadas y exercitos
pudieran tener conflictos se hiciesen especiales rogativas a esta Señora. Ha
más de ochenta años que labró la Capilla que oy tiene ".
Por orden del conde del Águila este texto fue copiado con bella caligrafía
del siglo XVIII de uno anterior, que hoy desconocemos, si bien tanto las citas
temporales que se dan en él, como la referencia del estreno de la Capilla de la
Soledad, nos permiten datarlo entre 1673 y 1678.
Varias son las noticias que se desprenden del corto relato, el carácter Real
de la capilla soleana, la fecha de su construcción, etc. si bien la más
interesante, y desconocida, es la devoción de Felipe II a la Soledad. La Real
visita debió acontecer entre el 1 y el 16 de Mayo de 1570, pues sólo esos
días pasó Felipe II en la Ciudad que tan fastuoso recibimiento le había
dispensado, "el canto del cisne del humanismo local culto y tolerante"
en palabras del profesor Lleó Cañal. En esta breve y única estancia en
Sevilla tuvo tiempo para visitar los templos de Sevilla, y además para
retirarse tres días al monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas.
Razones no faltaron por aquellos años para encomendar la suerte de los
ejércitos españoles a Nuestra Señora de la Soledad. Dicho periodo ha sido
descrito genéricamente como "los años de Cruzada". Los protestantes
en los Países Bajos, el poder del "Turco" amenazando el Mediterráneo
(un año después de la visita tendría lugar Lepanto), y los moriscos
rebelándose en Granada y las Alpujarras tenían ocupado al "Rey
Prudente". Tenemos pues el primer contacto documentado entre la Casa Real
española, en este caso la de los Austria, y la Cofradía de Nuestra Señora de
la Soledad, que hasta bien entrado el siglo XX va a usar como escudo de la
Corporación en sus membretes y correspondencia el del soberano reinante.
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