Historia

 

Agregación de la Soledad a la Basílica de San Juan de Letrán

La Bula de agregación, que afortunadamente se conserva en la Hermandad pese a saqueos, traslados y demás avatares históricos, se expidió en Roma el 5 de junio de 1594, bajo el pontificado de Clemente VIII (Hipólito Aldobrandini), cuyo escudo (sobre campo de azur desbrancado de oro en banda) figura en la parte superior del flanco izquierdo del pergamino que sirve de soporte a la Bula. Está redactada en letra humanística de la cancillería pontificia y firmada por varios canónigos de San Juan Letrán, entre ellos su secretario, Hércules Crescimbenius.

La "singular devoción" demostrada a la Virgen de la Soledad y el incremento del culto y de los fieles son los motivos señalados en la Bula para la agregación. En el pergamino se detallan en latín "los privilegios, gracias, indulgencias, facultades, concesiones e indultos" que se podían alcanzar visitando la "Capella Beata María de Soledad", como repetidamente se la nombra en el documento, y las condiciones que para ello se debían cumplir, tanto a nivel particular, como corporativo, esto es, la existencia de "sacerdotes idóneos y suficientes para celebrar misas y otros oficios divinos, escuchar confesiones, predicar al pueblo la palabra de Dios, y administrar los Sacramentos".

Los trámites para la agregación los llevó en Roma el "Reverendo Doctor D. ALFONSVM LOZANO MIÑO, presbítero de la Diócesis de Toledo", y la concesión fue autorizada por el "Rmo D. FULVIO URSINO", canónigo de San Juan Letrán, y por el "Ilmo y Rvmo. Sr. D. ASCANII, Cardenal DE COLUMNA (con el título de Santa María in Cosmedi), Vicario de la citada Basílica. La incorporación lateranense se culminó siendo "D. Roderico de Castro S.R.E. Cardenalis Archipresbyterum Ispalen".

Un anónimo archivero de la Hermandad escribió en el dorso con letra humanística a finales del siglo XVI, o en el XVII: "... de la Soledad. Nº 5" (posiblemente el número de orden del documento en el archivo). También, y dado que la Bula estaba doblada, de ahí el actual y preocupante cuarteado de la misma, el desconocido cartulario resumió en el envés su contenido, hoy difícilmente legible: " Participación de todas las gracias... todos los pontífices a la Iglesia de San Juan de Letrán... en ella contenidos, y de la iglesia de canónigos Lateranense con obligación de dar todos los años dos libras de cera blanca a... y tener sus armas sobre la capilla y cada quinze años renovar esta hermandad."

La Basílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma, y cuyo Titular es el propio Pontífice, fue fundada por el Papa Melquíades entre los años 311 y 314 en el terreno del Palacio Laterano que le había cedido el emperador Constantino. Con el paso de los siglos, y como consecuencia de incendios y seísmos, fue varias veces reedificada. La actual Basílica se debe en gran parte a la remodelación que de ella hizo el genial artista Francesco Borromini entre 1646 y 1650 por encargo del Papa Inocencio X, el Pontífice de la familia Pamphili que tan magistralmente retrató nuestro paisano Diego Velázquez.

En esta Basílica se celebraron cinco Concilios entre los siglos XII y XVI. Con el paso del tiempo, y el favor de los Pontífices, fue acumulando gracias e indulgencias, precisamente las mismas que se ganaban en "todas las capillas, capellanías, altares, oratorios, santuarios, prioratos, conventos, monasterios, hospitales de hermandades, ermitas y otros píos lugares de nuestra Iglesia" que a ella se fueron incorporando con el devenir de los siglos.

Esta vinculación con la Basílica de San Juan Letrán (5-6-1594) es la segunda en antigüedad de las hermandades sevillanas, sólo superada por la agregación de la Capilla del Gran Poder en el Convento del Valle en 1500. Después vendrían las incorporaciones Lateranenses de la Sagrada Entrada en Jerusalén (también bajo el pontificado de Clemente VIII, 3-3-1601), Montesión (14-7-1697), El Gran Poder (Capilla de San Lorenzo, 1731), San Isidoro (16-9-1768), La Cena (Capilla del convento de San Basilio, 1791), El Valle (Capilla del convento homónimo del Valle, 26-8-1803), La Macarena (Capilla de San Gil, 1830), La Quinta Angustia (3-1-1879), El Calvario (Capilla en San Ildefonso, 1890) y las Penas de San Vicente (5-11-1933. La Hermandad del Museo inició los trámites a finales del siglo XVI al otorgar poderes de gestión al licenciado Jerónimo Pérez, mas hoy no se tiene constancia de que tales diligencias culminaran con la agregación.

Junto al escudo pontificio antes descrito, que por cierto está incompleto pues faltan dos bandas de tres argénteas estrellas arriba y abajo del desbrancado, también son sumamente interesantes el resto de los motivos que ilustran la artística orla. Como motivo central, la representación de Nuestra Señora de la Soledad, primera en el tiempo que se conserva, con las manos juntas al pie de la Cruz y revestida con túnica de color jacinto y manto verde oscuro. San Juan Evangelista, con túnica verde y mantolín rojo, sosteniendo el cáliz y el Evangelio, y San Juan Bautista, mostrando la filacteria "Agnus Dei qui tolli pecata mundi" flanquean la ilustración mariana.

En un segundo nivel, y parejos a derecha e izquierda, entre la hojarasca vegetal de la orla, destacan los blasones heráldicos de Clemente VIII y Felipe II, éste último rodeado por el toisón de oro e integrado por los escudos, entre otros (pues hay algunos con el color perdido), de Castilla, León, Aragón, Portugal, Austria, Sicilia, Flandes y Borgoña. A un nivel inferior, y también parejos, están los escudos de Sevilla (San Fernando entronizado que muestra el cetro, no apareciendo ni San Isidoro ni San Leandro) y del Carmen Calzado (el Monte Carmelo con de tres estrellas de oro).

En la actualidad, además de la permanencia física de la Bula, que hoy ocupa un lugar destacado el despacho del Hermano Mayor y Sala de Juntas de la nueva Casa Hermandad, la agregación a la Basílica de San Juan de Letrán pervive en la heráldica de la cofradía: la Cruz de San Juan reposa sobre la parrilla laurentina del Calvario, a la vez que destaca en color blanco, todos los Sábados Santos, sobre los negros antifaces de los nazarenos "soleanos", a "treinta centímetros de la barbilla" como prescriben nuestras Reglas.

 


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