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El primer palio de la Soledad
Hasta ahora se ha venido considerando por tradición que la Soledad fue la
primera imagen que procesionó bajo palio, teniéndose noticia del alegato que
hace el Abad Gordillo en sus "Religiosas Estaciones" en contra de la
incorporación del baldaquino procesional, atributo que él considera suntuoso,
"dosel de estado" le llama, e impropio del trance tan doloroso que
representa el misterio de la Soledad de María. El historiador de las cofradías
José Bermejo, impulsor de la revitalización de la Hermandad de la Soledad a
mediados del siglo XIX, y que ocupó en la misma los cargos de mayordomo
(1860-1863), diputado (1866) y secretario (1866-1868), descubrió en lo que él
llamó "libro antiguo" del archivo dos partidas de cuentas, fechadas
en 1610 y 1614, por el pago de los bordados de un palio. Sin embargo, y
desconocemos la causa de ello, obvió desde el folio 77 vto. al 82 vto. del
referido volumen, donde aparece una completa descripción de las andas, de los
diversos donantes que las costearon, así como uno de los datos más
interesantes e inéditos: el estreno del palio, hecho histórico que aconteció
el Viernes Santo de 1606.
La transcripción de la introducción de esas cuentas es la siguiente:
"En la ciudad de seuilla veinte e çinco dias del mes de abril de mil e
seis cientos e seis años estando en la capilla desta cofradia don antonio de
cabreros alcalde por presencia de mi el presente notario escrivano desta
cofradia dixo que de su limosna y de otras de cofrades desta cofradia que an
ayudado para ello a fecho vn palio de terciopelo negro bordado de oro para la
ymagen de nuestra señora desta cofradia que es y fue el que siruio el biernes
santo deste año y para que se sepa y entienda lo que a costado el dicho palio y
lo que cada vno a dado y se deue de el declaro lo siguiente / costa que tubo el
palio".
El impulsor principal de este palio, como ya señaló Bermejo, fue el
referido Antonio de Cabreros que se comprometió a costear las "veinte e
tres baras de terciopelo negro" que se habían comprado en agosto de 1605.
El citado alcalde se obligaba "a pagar a benida de los galeones que se
esperan que monta el dicho terciopelo mill y doze reales", lo que nos hace
pensar en la pertenencia por entonces a la Hermandad de comerciantes con las
Indias, años antes de que las Reglas de 1617 prohibieran el acceso a la
Corporación a todo aquel que no fuera, cuanto menos, de condición hidalga.
Interpretando las diversas partidas de cuentas podemos advertir las
características del bordado, sabiendo que se hizo con oro, plata y sedas de
colores sobre terciopelo negro. Se empleó ruán para el forro de las cenefas,
cincuenta y una onzas de oro para el fleco, tafetán negro para el forro del
palio, resultando curioso señalar también entre los materiales "vna
terçia de tela de plata rrissallana de toledo para los escudos".
El trabajo fue realizado bajo la dirección de Francisco Ramírez, "ofiçial
de bordador". Por esos años está documentada en Sevilla la labor en el
gremio de los bordadores de otras dos personas apellidadas Ramírez, Ana y
Bernardo, ignorándose hoy si tenían lazos de parentesco con el director del
bordado del primer palio de la Soledad. El diseño del dibujo, así como el
montaje de los bastidores, corrió a cargo de un innominado en la documentación
"bordador que se dize fulano de rua", que puede corresponder al
bordador Gaspar de la Rúa, vecino del barrio de San Vicente a principios del
XVII, collación donde residía la Hermandad en su capilla propia del Convento
Casa-Grande del Carmen Calzado. La tarea del bordado se llevó a cabo en la
propia casa de Antonio de Cabreros con la ayuda de la madre de éste, doña
Beatriz de la Mota y sus criadas, durante los días comprendidos "desde
honze de henero hasta sauado de rramos dies y ocho de março" de 1606. La
valoración total de los materiales y de los días de trabajo quedó fijada en
un principio en 193.855 maravedíes, aunque hay que tener en cuenta que todavía
en 1614 y 1615 se estaba pagando la terminación del "çielo" del
palio.
Estaba sostenido por diez varas de madera, que costaron ciento sesenta y
cinco reales, incluidos "el dorado y pintura dellas". Sabemos que en
1620 se sustituyeron por otras de plata, costeadas por el Hermano Mayor Gaspar
de Manrique, y que en el conocido dibujo del palio de Lucas Valdés, en la
segunda mitad del XVII, aparece con ocho. Poco después estas andas debieron ser
modificadas, ya que en el inventario de 1696 se habla del "palio grande de
plata que esta sin acauar y las doze baras de plata que lo tienen" y en el
de 1718 se refiere que está ya acabado por dentro y por fuera. Por la
descripción aparecida en estos documentos comprobamos como no resulta exagerado
la atribución de los historiadores sobre la cantidad de plata que llegó a
poseer la Cofradía. Además de lo reseñado, el paso llevaba una tarima o
peana, cuatro faroles y cuatro cantoneras, y la Virgen, que iba vestida de
blanco y cubierta de manto negro con una corona de imperiales, llevaba en sus
manos una corona de espinas, todo de argénteo metal.
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