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Nuestra Señora de la Soledad
No hay unanimidad en los estudiosos sobre la cronología de la imagen titular de la histórica y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad. Posiblemente es obra anónima de la segunda mitad del siglo XVI (R. Cañizares Japón y A. Pastor Torres), si bien algunos autores la sitúan en torno a 1600 (J. Bernales Ballesteros, J.M. González Gómez o J. Roda Peña). Algún autor (Morales Martínez) retarda su hechura hasta mediados del siglo XVII. Sin ninguna base documental, y basándose tan sólo en nimios aspectos formales, se la llegó a atribuir al italiano Jácome Velardi (M. Tobaja Villegas), atribución desmontada más tarde por el mismo investigador que la incluyó en la órbita de Andrés de Castillejo. Es imagen de candelero para vestir, si bien en origen parece que fue escultura de talla. Mide 1.62 m. de alto y está tallada en madera de cedro. Los ojos son de cristal - añadidos seguramente en una de las restauraciones dieciochescas-, las pestañas postizas, y sus mejillas surcadas por tres lágrimas de cristal, dos en la derecha y una en la izquierda. Presenta las características propias del período de transición entre el tardomanierismo y el primer realismo barroco. A pesar de las numerosas restauraciones sufridas, la imagen conserva significados rasgos arcaicos que nos permiten mantener su atribución temporal en la segunda mitad del siglo XVI: pupilas levemente achinadas, boca cerrada, cierto hieratismo, frontalismo y cuello recto. Son numerosas las restauraciones documentadas, la mayoría de ellas en los siglos XIX (hacia 1827 se estofó la Dolorosa) y XX (Carlos García Eiris, 1916; Santiago Martínez, 1953, y el equipo del profesor Arquillo, 1985).
© Hermandad de la Soledad |
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